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¡No Moriras!
Adriana Mendoza
Numero de visitas: 1280 - 04-07-2012
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ARTICULO

 

Delirar, rabiar, enloquecer, confundir, volverse estático, llorar o ser simplemente un átomo vagante y en movimiento son muchas de las cosas que el amor provoca en nosotros. No hay explicación científica a tan terrible vértigo que estruja nuestro estómago. 
 
Tampoco ha habido hombre (antiguo o moderno) que conceptualice tan acertadamente el amor, como lo hace tan sencillamente el alma. Nadie sabe esa angustia que corroe nuestros brazos cuando vemos ese complemento cruzar la calle. 
 
Nadie sabe a que se debe esa imagen de un rostro que no se diluye por las noches provocando tan terrible insomnio, nadie se explica a que se debe esa melancolía cuando uno se encuentra solo, recordando ese beso en la banca, en el parque, en la noche, en el día, en el alma. Nadie sabe, nadie entiende. Sin embargo en la mente cuando se emanan esos pensamientos, lo único que se puede saber, es el sentir algo tan cerca, pero tan lejos de nuestro entendimiento: El Amor.
 
AMOR: una palabra de cuatro letras que va más allá de una palabra, fácil de decir, difícil de explicar, casi imposible de entender y desgraciadamente, mucho más difícil encontrarla. Sin duda el amor, ha sido un tema de grandes polémicas en la actualidad y en tiempos pasados. Aún así en distintas culturas y las formas en que se proyecta. De época a época, de cultura a cultura, de persona a persona, el concepto del amor, cambia drásticamente, los modos y la práctica también, pero de corazón a corazón - sin importar el tiempo y el lugar- el amor es el mismo. 
 
No mencionaré ese amor que concierne a nuestra familia o a nuestros hermanos, amigos o mascotas (no olvidando que también esa clase de amor es importante) pero ese amor lo tocaremos en otra ocasión. Hablaré de ese amor que espera todo ser humano en un momento de su vida. Esos amores reales o inalcanzables que complementa nuestra existencia. Desde que nacemos nos educan para muchas cosas, de las cuales solo aprendemos bien unas cuantas.
 
os enseñan otras más, de las cuales podemos sacar algo bueno; la familia nos enseña, la sociedad nos moldea y la vida nos apalea. Así se forman muchos e innumerables tipos de personas, una ensalada de caracteres y pensamientos. Sin embargo me he encontrado en diversos tipos de reuniones donde se intercambian las ideas desde los más sofisticados coleccionistas de vivencias, hasta los más aislados del planeta, intelectuales modernos, mujeres de mundo, homosexuales, ocultos e inmaduros escolares, amas de casa, escritores sencillos, soñadores de esos que vuelan, y gente de esa que camina... y de más... y no hay ocasión en que una copa, un refresco, y de hoy en día hasta una línea, no acompañen las historias tan diversas y variadas de amores: prohibidos, imposibles, liberales, encarnados, pasionales. ¿Por qué ese especial apareamiento entre la tracción y el sentimiento, que muerde los corazones de todo tipo de personas?.
 
Esa energía que puede llevar a un hombre a ser el más feliz del universo o bien puede hundirlo hasta el suicidio. Por que – he ahí, a mi parecer personal- el amor es simplemente más que energía pura, que mueve nuestras existencias y nuestro motivo principal para vivir – llámese cualquier amor-. Sólo que habrá quien encuentre dicho elemento, quien se haya quedado en intento o quien ni siquiera en su vida sepa lo que es. Así como será grande el que aproveche tal energía, como el que podrá ser el más miserable energizado.
 
Habrá infinidad de temas en los cuales hablar en todo momento, pero nunca falta aquel que en verdad sea sincero y el más antiguo, el de las más altas incógnitas y el de las más humildes respuestas; esa palabra universal, el oro negro del espíritu. El amor lo puede todo, lo sufre todo, lo pierde todo, lo gana todo, lo mueve todo: lo más malo, lo más pasivo, lo más bondadoso. Lo crea todo: el mismo infierno, la más dura soledad, el más bendecido paraíso. También lo dice todo: La más sincera declaración, el más inesperado rechazo, la más coloquial manera de necesidad. "El amor cuando no muere mata, los amores que matan nunca mueren", estrofa de una canción casi olvidada que concluye muchas a esas preguntas que no entendemos. En conclusión (si es que algún día llega a haberla en todos y en cada uno de los diferentes casos) Puedo entender con el corazón palpitante aún, que nacemos para muchas cosas, pero vivimos para nacer.
 
Podremos estar vivos y podremos salir de compras y podemos disfrutarlo, pero ¿cuándo nacemos en verdad?, La respuesta es sencilla: cuando encontramos o perdemos el amor. ¿Habrá quien muera sin haber nacido?, (Seas quien seas) No hagas esta pregunta parte de tu historia. Vive cuanto puedas, disfruta lo que hagas, pero nunca mueras sin antes nacer.
 
 
 

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